No. 115- Redes sociales: una adicción de nuestros días


Las nuevas tecnologías parecen haber llevado el concepto de placer a un nuevo nivel y con  una eficiencia, disponibilidad y facilidad de acceso, nunca antes vistos en la sociedad moderna. Sin embargo, existe una preocupación creciente por los riesgos que traen consigo: es tan fácil abusar de Internet, que se pueden generar hábitos de conducta inadecuados, así como alteraciones en el estado de ánimo y de la conciencia.

Solo en España, el 95,1% de los menores de 10 a 15 años usa ordenador, el 93,6% accede a Internet y el 67% tiene teléfono móvil (INE, 2016). El acceso diario a Internet aumenta con la edad, del 50% entre los menores de 9-10 años, al 90% a partir de los 15 años. A continuación, se pueden observar las principales actividades realizadas en Internet reportadas en 2015, entre las que destacan las vinculadas a la búsqueda de información,  la comunicación, el acceso a contenidos audiovisuales y la participación en redes sociales:

Redes sociales: una adicción de nuestros días. Artículo de diciembre de 2016. La Separata

Actividades realizadas en Internet. Fuente: INEGI.

En algunas circunstancias, Internet y los recursos tecnológicos se convierten en el instrumento prioritario de comunicación e interacción con el medio, enmascarando ciertas necesidades psicológicas. En la web se pueden encontrar diversos recursos potencialmente adictivos, entre los que destacan las redes sociales, la pornografía online, las páginas de apuestas y subastas, los juegos de rol y los videojuegos en general. Del mismo modo, el mundo virtual puede ser el portal perfecto para la creación de una falsa identidad, a través de la distorsión de la realidad percibida por el sujeto.

En el caso de las redes sociales, su relevancia reside en el papel tan importante que desempeñan cubriendo necesidades psicológicas básicas: hacerse visibles, reafirmar la identidad ante el grupo o estar en conexión continua con amigos y seres queridos. Además, la relación entre las personas se torna fluida y genera menor ansiedad que en la vida real, lo que facilita la superación de la vergüenza, la timidez o el miedo al ridículo. La creación de perfiles en las redes sociales o blogs personales, así como el establecimiento de relaciones en torno a ellos, son modos de manifestar los rasgos de la identidad, de forjar el autoconcepto y de fortalecer la autoestima.

El anonimato puede llegar a producir sensación de terror en aquellos que están inmersos en este mundo virtual, de igual manera que afecta la soledad. Por eso, las redes sociales parecen ahuyentar la exclusión y fomentar la participación a distintos niveles, con vínculos que tan fácilmente se crean como se destruyen. Tienen un gran éxito entre los jóvenes, pero también entre los adultos, ya que en ellas se vuelcan emociones, se comparte el tiempo libre y se da salida a distintos tipos de fantasías. Tanto es así, que las solicitudes de amistad en redes sociales se han convertido en una estrategia de acercamiento interpersonal.

El uso de las tecnologías y, particularmente, de las redes sociales, es positivo siempre que no se deje de lado el resto de las actividades propias de una vida normal. La conducta perjudicial aparece en el momento en que se siente el deseo irrefrenable de adquirir los aparatos más novedosos, cuando se es incapaz de salir de casa sin el teléfono móvil o cuando se muestra desasosiego más allá de lo razonable si no se puede utilizar el dispositivo. Si el abuso de Internet provoca aislamiento, induce ansiedad, afecta negativamente a la autoestima o hace que el sujeto llegue a perder la capacidad de control, entonces se considerará una adicción.

Habitualmente, un individuo goza de una sensación de bienestar cuando obtiene satisfacciones diversas en los estudios o el trabajo, con la familia, con los amigos, en sus relaciones de pareja o con las aficiones a las que dedica el tiempo libre. De este modo, las carencias en algunas de estas realidades, pueden compensarse con los logros obtenidos en otras. Por el contrario, si una persona es incapaz de diversificar sus intereses por focalizar su atención en una única actividad, corre el riesgo de volverse adicto a esa conducta.

 

Lo que caracteriza a una adicción es la pérdida de control y la dependencia: el sujeto, cegado por el objeto de su adicción, rehúsa implicarse en otro tipo de tareas que anteriormente le resultaban gratificantes e, incluso, en aquellas que le pudiesen resultar atractivas en el futuro. Estar enganchado a Internet puede actuar como una droga estimulante que produce cambios fisiológicos en el cerebro, implicando un aumento de dopamina y de otros neurotransmisores vinculados al circuito del placer. Para algunas personas el abuso de Internet es tal, que su privación puede causar síntomas de abstinencia, como un humor depresivo, irritabilidad, inquietud psicomotriz, deterioro en la concentración y trastornos del sueño.

Todas las conductas adictivas están controladas inicialmente por reforzadores positivos (el aspecto placentero de la conducta en sí), pero terminan siendo controladas por reforzadores negativos. De este modo, un sujeto puede conectarse a Internet por la utilidad o por el placer de la tarea en sí misma, mientras que una persona adicta lo hace para aliviar el malestar que le ocasiona su ausencia, buscando ahuyentar el aburrimiento, la soledad, la ira o el nerviosismo. Conectarse a la red se convierte en su única vía de escape.

 

Redes sociales: una adicción de nuestros días. Artículo de diciembre de 2016. La Separata

Fases de la adicción

 

Aquellos que pasan demasiado tiempo en Internet, además, tienen más posibilidades de padecer depresión, y se refugian en la red debido al aislamiento del mundo exterior, por lo que se genera una correlación circular. Cuando se produce esta dependencia, los comportamientos adictivos se vuelven automáticos, instintivamente activados, y se cuenta con poco control en la toma de decisiones. Por ello, el abuso de las redes sociales puede provocar el bajo rendimiento académico o laboral, los trastornos de conducta, el quebranto económico, y problemas de salud relacionados con el sedentarismo.

Lo que caracteriza a este tipo de adicción no es el tipo de conducta implicada, sino la forma de relación que el sujeto establece con ella: la estructura de las redes sociales facilita la confusión entre lo íntimo, lo privado y lo público, lo que distorsiona los niveles de comunicación. Algunos crean identidades ficticias, potenciadas por factores de autoengaño o fantasía, por lo que lo más importante es discernir si el grado de interferencia con la vida cotidiana se vuelve negativo y perjudicial para el individuo.

Deben considerarse las posibles consecuencias de engancharse a una pantalla, pues supone una focalización atencional que reduce la actividad física, impide diversificar el tiempo y produce un flujo de transrealidad, donde confluyen una multiplicidad de contextos, cruzando de lo real a lo abstracto.

 

Más información:

Adicción a las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes.

Ana Requesens Moll, Enrique Echeburúa Odriozola.

 

 

Vanesa Martos es licenciada en Pedagogía por la Universidad de Granada.

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