No. 114- Los neurocientíficos desalmados (o por qué Descartes se equivocaba)


“¡Eres un desalmado!” ¿Cuántas veces ha escuchado –y empleado– el lector esta expresión? Suele denotar comportamientos extremadamente execrables, zafios e inmorales hacia otros y, sin duda, es algo ante lo que replantearse la propia conducta. No en vano, implica nada menos que no tener alma. Pero preguntémonos por un momento: ¿’alma’?

 

los neurocientíficos desalmados. La Separata, noviembre de 2016

Fuente: http://4.bp.blogspot.com/-hLo0usC5fks/Vlyes5dH9FI/AAAAAAAAAes/ka2ZW1A08cE/s640/alma%2By%2Bcuerpo.jpg

 

El alma es uno de los conceptos centrales en cualquier sistema religioso, que incluso encuentra acogida entre personas no creyentes. Muchos de quienes ahora mismo se encuentren frente al artículo no tomarán el concepto por descabellado, con relativa independencia de su credo. De la misma forma, durante la mayor parte de la historia filosófica y científica se ha pensado que, de alguna manera, nuestro cuerpo necesita de un ente sobre el que recaigan ciertas características que nos conforman como especie y como individuos. Ese ente es el alma, que cumple con dos condiciones extraordinarias a tal efecto:

-Es inmaterial: esto es, ajena e independiente a nuestra ‘mitad’ corpórea

-Es eterna: sobrevive y, quizá, antecede a nuestro paso por la Tierra

Así pues, fenómenos como la conciencia, la memoria o incluso nuestro carácter y tendencias de personalidad encuentran un magnífico aliado en el alma para establecer su sede, separadas, en tanto que entidades intangibles, de nuestra fisiología.

 

Pero los científicos, en nuestro afán por arruinar todo lo mágico y divertido, tenemos una mala noticia: la Ciencia ha perdido el alma. No porque haya perdido un hálito de vida o porque sus valores se hayan desvirtuado, sino porque podemos afirmar categóricamente que ya no es un concepto al que sea menester recurrir para explicar la conducta humana. No es que no exista, es que no la necesitamos.

 

los neurocientíficos desalmados. La Separata, noviembre de 2016

El cuerpo como cárcel del alma. Fuente: http://1.bp.blogspot.com/-UjyLYX9jL6I/T4UHa5Ep3oI/AAAAAAAAAEQ/tTEy-LtRI4U/s1600/Olbinisky_mujer_carcel.jpg

 

Platón pensaba que, al nacer, ya tenemos un conocimiento preexistente sobre el mundo aunque no tengamos consciencia de él y que, a medida que vamos aprendiendo, no vamos adquiriéndolo de novo, sino que lo ‘recordaríamos’. Así pues, bajo esta lógica, era necesario un continente, un recipiente para dar cabida a este repertorio de conocimientos. ¿Qué mejor para ello que el alma? Si bien la postura innatista de Platón perdió fuerza en detrimento de la de Aristóteles (radicalmente opuesta, al considerar al ser humano como una tabula rasa sobre la que ha de ‘escribirse’ todo, ya que nace sin ningún tipo de instrucción previa), dejó una huella profunda en la concepción del alma que aún hoy perdura.

 

Pero quizá es otro filósofo, Descartes, quien más en profundidad trató (y a quién más en profundidad podemos hoy criticar) el tema. Para él, en el ser humano se pueden distinguir dos tipos de ‘sustancias’: la res extensa (o ‘sustancia material’), aquello tangible que compone nuestro cuerpo, y la res cogitans (o ‘sustancia mental’), que sería de carácter intangible y donde residen nuestros pensamientos, emociones, consciencia e incluso memoria. Según el filósofo, aunque distintas en funcionamiento y naturaleza, una y otra entraban en contacto gracias a una estructura del cerebro, la glándula pineal, pero diferenciaba claramente entre el cerebro en sí (divisible y material) y alma (indivisible y material).

 

los neurocientíficos desalmados. La Separata, noviembre de 2016

René Descartes. Fuente: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/73/Frans_Hals_-_Portret_van_Ren%C3%A9_Descartes.jpg/220px-Frans_Hals_-_Portret_van_Ren%C3%A9_Descartes.jpg

 

Sin embargo, la neurociencia nos ha enseñado que precisamente el cerebro, divisible y material, es capaz de soportar todas las funciones que tradicionalmente se atribuían al alma: de ahí nuestro anterior punto. Sabemos que del cerebro dependen nuestros rasgos de personalidad, en tanto en cuanto un accidente que le afecte puede convertirnos en ‘otra persona’ (recuerde nuestro artículo sobre Phineas Gage). Sabemos también que nuestra memoria tiene una residencia física, ya que, por ejemplo, un daño severo en el hipocampo nos impedirá formar nuevos recuerdos dejando relativamente inalterados los antiguos (recuerde nuestro artículo sobre el paciente HM). También que nuestras capacidades perceptivas o atencionales pueden verse modificadas si cambiamos la química cerebral con drogas o fármacos, y que condiciones del desarrollo que alteran gravemente nuestra conducta (como las del espectro autista) muestran cambios estructurales y funcionales en el cerebro.   Ni siquiera conceptos tan complejos como la conciencia escapan a esta nueva concepción: los experimentos de Roger Sperry con pacientes epilépticos a los que se les extirpaba el cuerpo calloso –un grueso haz de fibras que conecta los dos hemisferios del cerebro– como medida desesperada para acabar con sus crisis evidenciaron que, al dejar de estar conectadas ambas ‘mitades’ del cerebro, se podían adquirir destrezas que dependiesen de uno de ellos sin que hubiera transferencia al otro, de tal manera que existía una conciencia ‘desdoblada’, algo que, según los postulados de Descartes, no cabía concebir.

 

Ya Hipócrates había adelantado varios siglos antes de Cristo que nuestra percepción, emociones y conocimientos no dependen de nada más que nuestro cerebro, pero ha sido en el siglo XX cuando menos lugar a duda ha cabido. En esta línea, Donald Hebb (uno de los padres de la Psicobiología y la Neurociencia modernas) concluye que, de hecho, lo que llamamos ‘mente’ (concepto, por demás, equívoco y que tanto psicobiólogos como psicólogos conductistas intentan evitar) no es más que la suma de procesos que ocurren en nuestro cerebro.

 

los neurocientíficos desalmados. La Separata, noviembre de 2016

Fuente: http://3.bp.blogspot.com/-1C0POA9-aww/VqDO95Wo6CI/AAAAAAAAG4w/2djG9m-8PpY/s640/cerebro-hecho-a-mano.jpg

 

Así pues, parece que, al menos en lo científico, los seres humanos nos hemos quedado sin alma. Lo que a unos, posiblemente, les consuele al permitir una explicación más sencilla (navaja de Ockham al canto), a otros puede llenarles de pavor por resultar que el hombre es extremadamente simple, ya que toda su conducta puede explicarse en términos de fisiología y química. Pero, al igual que ocurre cuando observamos los cambios en neurotransmisión que subyacen y, hasta cierto punto, explican procesos tan complejos como el amor, esta nueva concepción, aunque parsimoniosa y potente, no quita un ápice de belleza al hecho en sí. Podemos seguir encontrando goce en una pieza musical o disfrutando cuando ayudamos a los demás pese a saber qué es lo que ocurre en nuestro cerebro para que ello suceda. Después de todo, podremos haber perdido el alma, pero no nos habremos convertido en unos desalmados.

 

La idea del artículo está desarrollada a partir de: Paxinos, G. (2016). Why Psychology lost its soul: everything comes from the brain. En: http://scitechconnect.elsevier.com/why-psychology-lost-its-soul-brain/?utm_source=socialmedia&utm_campaign=Why%20Psychology%20Lost%20Its%20Soul:%20Everything%20Comes%20from%20the%20Brain&utm_medium=psychology&sf37866290=1

 

Para saber más:

http://filosofia.laguia2000.com/mistica/metafisica/el-fantasma-en-la-maquina

-Johnson, D.K. (2013). Do souls exist? Think, 35 (12)

 

Santi, autor del artículo los neurocientíficos desalmados. La Separata, noviembre de 2016

Santi Mora es licenciado en Psicología con master en Neurociencia cognitiva y del comportamiento. Actualmente es FPI en el laboratorio de Psicobiología de la Universidad de Almería, donde lleva a cabo sus trabajos de doctorado.

 

¿Quieres descargar este artículo? Puedes hacerlo aquí:

los-neurocientificos-desalmados

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies