No. 113- ¿Por qué el cerebro humano necesita el arte?


El arte, en sus diferentes manifestaciones, constituye un elemento esencial que identifica al ser humano y que le ha permitido transmitir la cultura en toda su extensión. Desde los primeros años, y de forma natural, se llevan a cabo actividades artísticas: cantar, jugar, bailar o dibujar, son acciones que fomentan el progreso sensorial, motor, cognitivo y emocional. Además de estimular el aprendizaje de otras materias, estas actividades son indispensables para el desarrollo de la percepción, la motricidad fina o la interacción social. Por lo tanto, aunque las enseñanzas artísticas hayan quedado relegadas a un segundo plano, son realmente necesarias en el ámbito educativo.

Hace unos años, se publicaba en la revista internacional Nature una investigación llevada a cabo en colegios públicos de Rhode Island, en la que se mostraban los resultados de una hora adicional de música y artes plásticas sobre niños que andaban algo rezagados en clase. Al cabo de siete meses, esos niños habían alcanzado, e incluso superado, el nivel de sus compañeros. Esto sucede gracias a la creación de rutinas mentales que pueden transferirse de las actividades artísticas a otros dominios del aprendizaje: utilización de herramientas específicas, perseverancia, imaginación, expresión, observación, reflexión o exploración (Winner, 2006).

Otro estudio, realizado por la Facultad de Educación de la UCLA entre estudiantes de Secundaria, reveló que los que habían tenido una estrecha relación con el arte, dentro o fuera de las aulas, obtenían calificaciones notablemente más altas y tenían menos riesgos de fracaso escolar. El profesor de Harvard, Howard Gardner, pionero en la teoría de las inteligencias múltiples, sostiene que un buen sistema educativo tiene que alimentar y fomentar todas las formas de inteligencia, incluidas las relacionadas con el arte. En este sentido, Gardner apuesta por favorecer la afición de los niños al arte, no solo como un medio de expresión, sino como un modo de adquirir conciencia de sí mismos y de los demás, de acercarse al mundo que los rodea.

Los estudios que han analizado la introducción de la educación artística en el aula, han ayudado a conocer los numerosos beneficios relacionados con el aprendizaje de los alumnos y su comportamiento. Realizar actividades con objetivos didácticos que incluyen actuaciones teatrales, dibujos, recreación de movimientos o fragmentos musicales, mejora la memoria a largo plazo, especialmente en el alumnado con dificultades de lectoescritura. Del mismo modo, los estudiantes expanden sus habilidades sociales, reducen sus problemas emocionales y desarrollan competencias como la comunicación, la cooperación o la resolución de conflictos.

 

Cuando se integran las disciplinas artísticas en las prácticas pedagógicas, se promueve el pensamiento creativo, profundo y divergente en el alumnado, al mismo tiempo que se desarrolla la necesidad de analizar una misma tarea desde diferentes perspectivas, utilizando la imaginación como recurso ineludible. En el programa Artful Thinking, desarrollado por el  Proyecto Zero de Harvard, se utiliza el poder de las imágenes visuales para estimular la curiosidad, la observación o la comparación entre ideas, procesos imprescindibles para el desarrollo del pensamiento creativo y del aprendizaje.

 

Artículo El cerebro humano necesita el arte

Principios del programa Artful Thinking

 

Cada actividad artística activa diferentes regiones cerebrales: la música se procesa en la corteza auditiva, que está en el lóbulo temporal; las artes que conllevan movimiento, como el baile o el teatro, activan la corteza motora; las artes visuales, como la pintura, se procesan principalmente en los lóbulos occipital y temporal; mientras que la poesía o la prosa implican a las áreas de Broca y Wernicke, relacionadas con el procesamiento lingüístico (Posner, 2008).

La música y la danza, así como otras manifestaciones artísticas, producen bienestar porque estimulan el sistema de recompensa cerebral que libera dopamina, al mismo tiempo que desarrollan aspectos del pensamiento creativo tales como la fluidez, la originalidad o la capacidad de abstracción. Además, la activación simultánea de áreas sensoriales y motoras al tocar un instrumento o pintar sobre un lienzo, conlleva la mejora de capacidades generales como la memoria de trabajo o la atención.

No se puede negar que las actividades artísticas son inherentes al propio desarrollo del ser humano y que constituyen un aliciente natural para el aprendizaje. La práctica de cualquier manifestación artística lleva asociada un componente emocional motivador que permite contemplar el mundo desde una perspectiva diferente, más estética y más profunda. La educación artística, fuera y dentro de las aulas, es una necesidad, no porque nos haga más inteligentes, sino porque nos permite adquirir una serie de competencias y rutinas mentales que completan nuestra naturaleza social. El cerebro humano, en toda su complejidad, exige arte.

 

Para más información:

Proyecto Zero, Universidad de Harvard: http://www.pz.harvard.edu/

Eisner, Eliot W. (2004). El arte y la creación de la mente: El papel de las artes visuales en la transformación de la conciencia. Paidós.

Sousa, David A. (2011). How the brain learns. Corwin.

 

Vanesa Martos, autora del artículo El cerebro humano necesita el arte

Vanesa Martos es licenciada en Pedagogía por la Universidad de Granada

 

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