No. 110- Diferencias entre keynesianismo y neoliberalismo


Si hay alguna ciencia que ha ganado visibilidad en los medios de comunicación y la vida pública en general durante los últimos años, esa es sin duda la economía. Tras la implosión en 2007 de la crisis económica más profunda conocida desde el Crash del 29, los economistas han ido desfilando por platós de televisión, programas de radio, periódicos, blogs y otros muchos espacios exponiendo planteamientos diversos con el fin de ofrecer eventuales soluciones a la grave situación económica actual. Términos como “inflación”, “recesión”, “deuda pública”, “desempleo”, “encuesta de población activa”, “crecimiento”, “sostenibilidad”, “competitividad” o “confianza de los mercados”, entre otros muchos, han invadido nuestro lenguaje cotidiano, prueba de la influencia de la economía en la vida del día a día.

Pues bien, en este marco de hiperexpresión del debate económico, el presente artículo quiere contribuir a demarcar las diferencias teóricas y conceptuales que existen entre las dos grandes corrientes en economía, a saber, el keynesianismo –también conocido como socialdemocracia en su vertiente más política– y el neoliberalismo –esto es, el liberalismo económico transformado en capitalismo financiero–. Dado el carácter divulgativo del blog, no se pretende aquí alcanzar un rigor científico a la hora de hablar de las múltiples escuelas, vertientes, autores o perspectivas que viven dentro de cada una de estas dos grandes corrientes; más bien, se trata de ofrecer algunas coordenadas muy genéricas para que el lector lego en economía sepa diferenciar a grandes rasgos las opciones económicas más importantes en la actualidad.

El keynesianismo debe su nombre a John Maynard Keynes, quien es considerado por muchos el economista más importante del Siglo XX (se dice que, de haber existido el Premio Nobel de Economía en su época, lo habría ganado en varias ocasiones) y suele citarse el New Deal del presidente Roosevelt como ejemplo histórico. A grandes rasgos, la teoría de Keynes establece que la intervención del Estado en la economía, sobre todo aunque no solo en épocas de recesión –disminución de la actividad económica y, por ende, del PIB–, a través de un aumento de los salarios sirve para incentivar la demanda agregada –la suma de todas las demandas individuales–, de tal modo que gracias al consumo sea posible salir de las crisis periódicas del capitalismo.

Esta propuesta en la que el Estado interviene en la economía dio lugar a lo que hoy día se conoce vulgarmente como “Estado del Bienestar”, o sea, un Estado que garantiza las necesidades básicas de sus ciudadanos al tiempo que hace funcionar correctamente la economía. Es clara su contraposición al liberalismo económico, cuyo antecedente más famoso lo tenemos en Adam Smith (el llamado padre de la economía moderna), para quien el Estado debía intervenir lo mínimo y limitarse a proteger los derechos de propiedad y los contratos libres y voluntarios entre individuos. Los diferentes egoísmos personales, decía Smith, terminaban desembocando en un beneficio mayor para el grupo social, puesto que eran empujados por una “Mano Invisible” hacia un bien o meta común. Esto último se explica porque, desde el liberalismo, se entiende que la libre competencia lleva a los individuos a elegir los bienes más baratos y que mejor satisfacen sus necesidades, lo que obliga a los empresarios a trabajar en mejoras tecnológicas, de costes de producción y, en definitiva, de oferta para poder seguir compitiendo.

 

Artículo de octubre de La Separata: keynesianismo y neoliberalismo

Fotografía de Keynes

 

El caso es que el keynesianismo se plantea como una opción a escala nacional (solo el Estado tiene soberanía suficiente para intervenir en su territorio) cuyo objetivo ha de ser el pleno empleo y la redistribución de la riqueza. El salario es el elemento clave de la política económica y del progreso social y material, tanto que los acuerdos colectivos entre empresarios y sindicatos se constituyen en el eje central de la legislación laboral. Se habla de que el keynesianismo fue posible en un momento histórico donde el “dinero estaba politizado”, o sea, donde el dinero se usaba principalmente como un medio de pago, siendo su papel como divisa de carácter secundario. O sea, las finanzas estaban al servicio del crecimiento económico y del interés general, obligándose a los capitalistas a reinvertir sus beneficios en proyectos productivos en el país y controlando los movimientos internacionales de capital.

El punto de inflexión que rompe con el Estado keynesiano y da lugar al neoliberalismo como corriente hegemónica en la economía se sitúa en los años 70. Los desequilibrios económicos, financieros, sociales y políticos internos, así como las diferentes crisis energéticas, produjeron un deterioro de las condiciones económico-políticas que fraguaron la larga etapa de crecimiento de 30 años conocida como “etapa dorada del capitalismo”. En este momento histórico, los beneficios derivados de la producción no encontraban salidas en forma de inversiones rentables, capaces de desarrollar nuevas capacidades productivas en los circuitos normales de producción y comercio.

 

el árbol del dinero. Artículo de octubre de La Separata: keynesianismo y neoliberalismo

 

Así las cosas, la sobreacumulación agudizó el conflicto entre capitales (capital estadounidense contra capital japonés, por ejemplo) para mantener el espacio económico, tanto a nivel nacional como internacional. Max Neef caracteriza de forma clarividente este proceso, afirmando que “en los viejos tiempos, el crecimiento económico se debía a la producción, hoy la riqueza se origina por medio de ficciones económicas improductivas”. Esa “improductividad” de la que habla Neef es el giro financiero de la economía, un giro que da lugar a un capitalismo especulativo que usa el dinero no ya como medio de pago, sino como el fin mismo de la economía: el dinero es ahora el objeto de transacción de la economía; es decir, los capitalistas compran y venden dinero.

Apelando a la idea de libertad, el neoliberalismo va a justificarse afirmando que el reparto del producto social que realiza el mercado atendiendo a la contribución de los individuos a la producción es justo. De ahí que se niegue toda intromisión institucional que altere dicha distribución y atente contra la libertad personal. Así, poco a poco, el neoliberalismo, auspiciado por presidentes como Ronald Reagan en Estados Unidos o Margaret Thatcher en Reino Unido, va a controlar las instituciones financieras internacionales y la teoría económica estándar enseñada en las Universidades.

Artículo de octubre de La Separata: keynesianismo y neoliberalismo

Desde unos impuestos más bajos, hasta la privatización de la industria, pasando por la desregulación del mercado laboral y la reducción de los costes laborales unitarios, el neoliberalismo va a ir constituyéndose en hegemónico. Tan hegemónico que la globalización va a ser entendida en términos de globalización económico-financiera, esto es, en términos de reducción de barreras al comercio, a las transacciones financieras y a la expansión del capital mundial.

En última instancia, este es el desarrollo, muy resumidamente, de las dos grandes corrientes económicas en pugna, si bien es cierto que el neoliberalismo es hoy mucho más fuerte que el keynesianismo. Podríamos, a partir de aquí, entrar en un debate pormenorizado de esa evolución histórica, diseccionando las variantes de cada una de dichas corrientes y planteando los problemas que hoy día nos afectan de modo más acuciante como son la desigualdad, la pobreza, el cambio climático o la escasez energética. Pero ello nos llevaría a otro debate más extenso que sobrepasa el objetivo del presente artículo.

Sea como fuere, es menester pensar y repensar la economía para que esta no quede relegada a un mero debate de expertos que ofrecen soluciones aparentemente técnicas que, en realidad, son políticas o ideológicas.

 

 

Para seguir leyendo:

Jaime Alberto Puerta Cano, “Comparación entre la teoría económica keynesiana y la teoría económica neoliberal”. Disponible en: http://reflexionesdeeconomia.blogspot.com.es/2011/09/comparacion-entre-la-teoria-economica.html

 

Foto de perfil de Daniel Peres, autor del artículo de octubre de La Separata: keynesianismo y neoliberalismo

Daniel Peres es Licenciado en Filosofía, Graduado en Derecho (finalizando estudios) y Máster en Cooperación al desarrollo, gestión pública y de las ONGDs por la Universidad de Granada con calificación Matrícula de Honor. Ha sido Becario de Colaboración e Iniciación a la Investigación en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada. Profesor visitante en la Universidad Alas Peruanas y Universidad Nacional de Huancavelica (Perú). Colaborador en el proyecto de Investigación “La naturaleza humana y las pasiones: Razón, creencias y emociones en el conflicto de valores” (2012-2013), Ministerio de Ciencia e Innovación – Plan Nacional I+D+i (FFI2010-16650). Traductor en el Grupo de Investigación “Antropología y Filosofía” (SEJ126). Correo electrónico: peres@correo.urg.es

 

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