No. 73- MEGALOMANÍA


gato frente al espejo

¿Qué es la Megalomanía? ¡Qué palabra más extraña y rebuscada! Sin embargo, ha sido y es bastante habitual a lo largo de la historia. La megalomanía trata un trastorno mental que padece una persona que se cree socialmente importante, poseedora de enormes riquezas y capaz de hacer grandes cosas cuando, en su mayoría no se corresponde con la realidad.

En este artículo os voy a hablar sobre la Megalomanía, no solo como enfermedad, sino en personajes históricos importantes; analizaremos algunas manías explícitas y también anécdotas de los mismos.

El primer personaje megalomaníaco es Luis XVI de Francia (Versalles, 23 de agosto de 1754-París, 21 de enero de 1793) un conocidísimo monarca absolutista que gobernaba Francia en la época en que apareció la Ilustración y la Revolución Francesa. Luis XVI no quería lo mejor para su pueblo, quería lo mejor para sí mismo, podía ver cómo morían los parisinos de hambre con la subida del pan y él celebraba grandes manjares en su palacio. Sí, en efecto, este rey tenía un dicho (al igual que Carlos III) “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo” ¿Qué quiere decir esto? Lo podríamos resumir en que él le quería dar bibliotecas, parques, nuevas construcciones…  Todo lo que estuviera en su mano para que su pueblo se culturizara, pero lo que por supuesto no quería hacer era dar su poder, él tenía el poder ejecutivo, legislativo y judicial; él era la persona más importante en toda la nación, ¿Por qué iba a dejar a cualquiera al mando?

Luis XVI

Luis XVI y su esposa Maria Antonieta, gozaban de grandes lujos, como por ejemplo los festejos. Resulta que se consideraban tan importantes que el simple hecho de despertar ya merecía una fiesta, y cómo no, una oportunidad para la reina de lucir los tocados característicos de la misma, pues se cuenta que era la Lady Gaga del siglo XVIII, mandaba a sus modistas y estilistas crear para ella tocados que ocupaban metros de altura, bien podían ser de flores, frutas, comida… Además, existe una anécdota llamada “El decreto del pañuelo” que nos cuenta lo siguiente: Un día, la señora de Luis XVI, gran amante de la moda pensó que los hombres tenían muchísimos tipos de pañuelos, o sea, lo mismo veías a uno con forma triangular que otro con dos picos… ¿Cómo podía ser eso? ¡Se quejaba sin cesar de lo mismo! Y le propuso a su marido que hiciera una ley para que todos llevaran el pañuelo del traje de la misma manera, la diversidad no estaba bien vista. Por lo cual, su marido le hizo caso y creó El Decreto del pañuelo, donde todos los franceses debían usar un pañuelo de la misma forma y medida.

Maria Antonieta

El siguiente personaje es Napoleón Bonaparte (Ajaccio, 15 de agosto de 1769-Santa Elena, 5 de mayo de 1821).  Un militar francés que empezó como nada y acabó siendo emperador y gran exportador del liberalismo. Podríamos decir que fue un hombre que se hizo a sí mismo, aunque lo que más me llama la atención de él es que, cuando era pequeño siempre en todos los grupos, juegos… En los que participaba lo denominaban como “mandón”, fue a un psicólogo que le dijo que debía meterse al ejército, tenía espíritu de líder.

Napoleón

Cuando Napoleón llega al poder, es criticado – como todos – mayoritariamente por sus extrañas manías. Como podemos comprobar en el retrato que os estamos ofreciendo desde La Separata, Bonaparte se muestra con la mano oculta, aludiendo a los antiguos Emperadores Romanos, pues se comparaba en diversas ocasiones con ellos; seguidamente miramos el retrato que le sigue donde está vestido con varias ornamentas que solo los Emperadores Romanos llevaban, como por ejemplo, la diadema y la toga.

Napoleón estilo romano

Analicemos sus manías… La primera es que siempre llevaba su biblioteca a todas partes donde iba, tenía colocados sus libros meticulosamente, hasta la pieza más intrincada era digna de su percatación. Sin embargo, el gobernante no se atrevía a decir nada, puesto que podían catalogarlo de “loco” y quitarle el puesto. La segunda, trataba sobre puertas, no soportaba ni una sola puerta abierta, ni si quiera una pequeña ranura, si no enloquecía. La tercera, como máximo dormía cuatro horas “DORMIR ES DE PERDEDORES”. La cuarta, siempre llevaba colgado al cuello un botecito con veneno, por si se encontraba en el momento en que sus enemigos quisieran matarle, podría suicidarse en el acto, no obstante, en el momento en que quiso utilizarlo, resultó estar caducado. Y por último, la más extraña, la manía de los olores, antes de dormir el llamado Emperador, se coloca un paño mojado en la cabeza para conservar su peinado, su cama debe estar calentada anteriormente por un brasero. Éste detesta el olor a cerrado, por esta razón en su cuarto siempre olía a Aloe, Ámbar o Benjuí.

Por otra parte tenemos a Adolf Hitler (Braunau am Inn, 20 de abril de 1889-Berlín, 30 de abril de 1945). Muy bien conocido por ser un dictador alemán cuya política era el nazismo. Además, en los campos de concentración que él mismo dirigía, se asesinaron más de seis millones de judíos europeos. Como sabemos, Hitler mando el exterminio de los judíos, pero ¿por qué? Claramente, como cualquier otro megalómano, él se consideraba superior a los demás y sobretodo, era muy de la idea de tener una raza pura.

Hitler

Aunque tenemos que tener presente que no fue él quien creó el odio a los judíos, si no que ya venía desde la Edad Media, donde comenzaron a echarles la culpa de haber matado al Hijo de Dios. Por lo cual, después de la Primera Guerra Mundial, los antisemitas alemanes culparon a los judíos de su derrota y de la crisis de la posguerra. Adolf, se sentía bastante identificado con las ideas antisemitas, de esta forma creó el nazismo utilizando a los judíos como animales de granja y colocando al alemán privilegiado en la punta de la pirámide.

Este es el momento de conocer algunas curiosidades sobre él… La primera (que es bastante famosa) es que Hitler era un verdadero artista de joven, pero tenía un fallo, no sabía dibujar personas, cuando fue a matricularse en la escuela de arte, no se lo permitieron por esta razón, algo que le marcó de por vida. Tuvo una aventura con su sobrina Geli Raubal, quién acabó suicidándose. Algo bastante único de Hitler: la dieta. Sabemos que Hitler era vegetariano, pero era muy estricto y explícito con lo que debía comer y lo que no, él siempre bebía agua caliente y le mandaba a su criada hacerle unos “pasteles del führer” – un pastel de varias capas de manzana con nueces y pasas – pero además siempre que podía intentaba convencer a quienes le rodeaban que no comieran carne. Cuesta creer que un dictador como él, autor de millones de exterminios humanos defendiera el c onsumo de verduras antes que el animal. También, se dice que fue el creador inicial de las muñecas hinchables, él pidió que se crearan éstas para dárselas a sus soldados en guerra y evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual entre sus combatientes.

Hitler 2

Pero ahora vamos con un hecho que ocurrió durante su gobierno que os va a llamar la atención realmente: En 1923, el secretario de prensa Nazi Dr. Sedgwick intentó convencer a Hitler para que se afeitara su bigote o lo dejara crecer normalmente. Hitler respondió: No te preocupes por mi bigote. Si no está a la moda ahora, lo estará luego, porque yo lo uso (éste sin duda es un ámbito de superioridad).

Steve jobs

Por último, me gustaría hablaros de un personaje más actual, Steve Jobs (San Francisco, California, 24 de febrero de 1955-Palo Alto, California, 5 de octubre de 2011), sí, el fundador de la marca Apple. Realmente es difícil encontrar manías sobre él, he encontrado nada más que ciertos hábitos y anécdotas, como por ejemplo, Jobs no se duchaba apenas, puesto que comía únicamente carne de pescado, al no comer carne animal creía que no expulsaba olores (Su creencia era errónea, sí desprendía olores), le gustaba ir descalzo en las oficinas de Apple y luego lavarse los pies en los lavabos del mismo edificio. Se cuenta que él mismo renegaba a su propia hija diciendo que era estéril (obviamente no era cierto) y  por último, conducía sin matrícula ni licencia de conducir – fijaos hasta qué extremos llegaba – y pagó solamente un dólar de hipoteca por su casa.

Steve Jobs con ipod

Como hemos podido comprobar a lo largo del artículo, las personas megalómanas en su mayoría, son gente que empiezan como nada y acaban moviendo masas, bien pueden ser tecnológicamente como Steve Jobs o políticamente como Hitler. Está claro, que la fama ha podido con ell@s, pero en parte es comprensible, si los políticos que dirigen nuestro país meten mano en el dinero de nuestros impuestos y lo transportan a paraísos fiscales a su antojo (y ya se consideran superiores), el fundador de Apple que generó un movimiento tecnológico que a día de hoy perdura con innovaciones que antes de que apareciera él parecían impensables… Si lo miras así, no es de extrañar que fuera un megalómano. Si hay personas que aman su Iphone más que sus propias vidas. No obstante, debemos tener en cuenta que estas personas no llevan vidas normales, si quiera cómodas, Napoleón murió en la Isla de Santa Elena por un complot que sus enemigos “maquinaron” para él, Hitler se suicidó, Luis XVI fue decapitado por el pueblo… ¿Merecen todas las riquezas y éxitos del mundo, muertes tales como éstas? ¿No os parece irónico que Steve Jobs murió de cáncer de páncreas? Demostrando así que él era una persona como otra cualquiera, que todos acabamos muriendo, pero él, estando en “la cima del mundo” muere por un cáncer como te puede dar a ti que estás leyendo esto, a mí. Al final todos somos iguales, por mucho que algunos quieran simular no serlo y eso sí que es cierto, que el reloj biológico no entiende de dinero ni importancias.

 

Para saber más:

http://actualcurioso.blogspot.com/2008/09/monarcas-manias-y-rarezas.html

La curiosa anécdota del decreto del pañuelo

http://www.abc.es/cultura/20140824/abci-criada-hitler-kalhammer-201408232031.html

Cosas que no se sabían sobre Steve Jobs – Infografía

 

Sandra

Sandra Vilches García es bloguera, escribiendo actualmente en varios de diferente temática, y bailarina.

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Megalomanía

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